Viaje



Hoy me mira la luna 
blanca y desmesurada. 

Es la misma de anoche, 
la misma de mañana. 

Pero es otra, que nunca 
fue tan grande y tan pálida. 

Tiemblo como las luces 
tiemblan sobre las aguas. 

Tiemblo como en los ojos 
suelen temblar las lágrimas. 

Tiemblo como en las carnes 
sabe temblar el alma. 

¡Oh! la luna ha movido 
sus dos labios de plata. 

¡Oh! la luna me ha dicho 
las tres viejas palabras: 

«Muerte, amor y misterio...» 
¡Oh, mis carnes se acaban! 

Sobre las carnes muertas 
alma mía se enarca. 

Alma ?gato nocturno? 
sobre la luna salta. 

Va por los cielos largos 
triste y acurrucada. 

Va por los cielos largos 
sobre la luna blanca.

Lee todo en: Viaje - Poemas de Alfonsina Storni http://www.poemas-del-alma.com/viaje.htm#ixzz3cTNt8roL

Tu dulzura


Camino lentamente por la senda de acacias,
me perfuman las manos sus pétalos de nieve,
mis cabellos se inquietan bajo céfiro leve
y el alma es como espuma de las aristocracias.

Genio bueno: este día conmigo te congracias,
apenas un suspiro me torna eterna y breve...
¿Voy a volar acaso, ya que el alma se mueve?
En mis pies cobran alas y danzan las tres Gracias.

Es que anoche tus manos en mis manos de fuego,
dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego
llenóseme la boca de mieles perfumadas,

tan frescas, que en la limpia madrugada de estío,
mucho temo volverme al caserío,
prendidas en los labios mariposas doradas.

Aspecto

Vivo dentro de cuatro paredes matemáticas
alineadas a metro. Me rodean apáticas
almillas que no saben ni un ápice siquiera
de esta fiebre azulada que nutre mi quimera.

Uso una piel postiza que me la rayo en gris.
Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis.
Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo
que yo misma me creo pura farsa y estorbo.

Vida

Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.

Tengo deseos de reír; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.

Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.

La inquietud del rosal








El rosal en su inquieto modo de florecer
va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal;
tantas son que la planta morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente.

Veinte siglos







Para decirte, amor, que te deseo,
sin los rubores falsos del instinto.
Estuve atada como Prometeo,
pero una tarde me salí del cinto.

Son veinte siglos que movió mi mano
para poder decirte sin rubores:
"Que la luz edifique mis amores".
¡Son veinte siglos los que alzo mi mano!

Pasan las flechas sobre mis cabellos,
pasan las flechas, aguzados dardos...
¡Son veinte siglos de terribles fardos!
Sentí su peso al libertarme de ellos.

Versos otoñales


Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas...

¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundiad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito...
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
¡Oh, la palida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

Una vez más


Es una boca más la que he besado.

¿Que hallé en el fondo de tan dulce boca?

¿Que nada hay nuevo bajo el sol y es poca

la miel de un beso para haberlo dado?


Heme, otra vez aqui, pomo vaciado.

bajo este sol que mi espalda toca

a la cordura vanamente, invoca

mi triste corazón desorbitado.


¿Una vez más?...Mi carne se estremece

y un gran terror entre mis manos crece,

pues alguien dá mi nombre a los caminos


y es su voz de hombre, cálida y temida.

Ay, quiero estarme quita y soy movida

hacia la sombra verde de los pinos.




Un día


Andas por esos mundos como yo; no me digas

que no existes, existes, nos hemos de encontrar;

no nos conoceremos, disfrazados y torpes

por los caminos echaremos a andar.


No nos conoceremos, distantes uno de otro

sentirás mis suspiros y te oiré suspirar.

¿Dónde estará la boca, la boca que suspira?

Diremos, el camino volviendo a desandar.


Quizá nos encontremos frente a frente algún día,

quizá nuestros disfraces nos logremos quitar.

Y ahora me pregunto... cuando ocurra, si ocurre,

¿sabré yo de suspiros, sabrás tú suspirar?

Transfusión

La vida tuya sangre mía abona
y te amo a muerte, te amo; si pudiera
bajo los cielos negros te comiera
el corazón con dientes de leona.

Antes de conocerte era ladrona
y ahora soy menguada prisionera.
¡Cómo luce de bien mi primavera!
¡Cómo brilla en tu frente mi corona!

Sangre que es mía en tus pupilas arde
y entre tus labios pone cada tarde
las uvas dulces con que pan convida.

Y en tanto; flor sin aire, flor en gruta,
me exprimo toda en ti como una fruta
y entre tus manos se me va la vida.

Tenías miedo...

Tenías miedo de mi carne mortal y en ella buscabas el alma inmortal.
Para encontrarla, a palabras duras, me abrías grandes heridas.
Entonces te inclinabas sobre ellas y aspirabas,terrible, el olor de mi sangre.

Tanta dulzura alcánzame tu mano...


Tanta dulzura alcánzame tu mano

que pienso si las frutas te engendraron,

si abejas con su miel te amamantaron

y si eres nieto excelso del verano.

Tanta dulzura no es de rango humano:

los dioses tus pañales perfumaron,

sobre tu sangre roja destilaron

ojos de niños, lasitud de llano.

Tanta dulzura, que cayendo al alma

mueve esperanzas, le procura calma

y todo anhelo de virtud corona.

Tanta dulzura, para bien sentida,

que digo al mal que me consume: olvida,

y al fuerte daño que me dan: perdona.

Subconciencia


Has hablado, has hablado y me he dormido.

Pero duermo y no duermo, porque siento

que estoy bajo el supremo pensamiento:

vivo, viviré siempre y he vivido.


Has hablado, has hablado y he caído

en un marasmo... cede hasta el aliento.

Tiempo atrás, en las sombras, me he perdido:

estoy ciega. No tengo sentimiento.


Como el espacio soy, como el vacío.

Es una sombra todo el cuerpo mío

y puedo como el humo levantarme:


Oigo soplos etéreos... sobrehumanos...

Sujétame a la tierra con tus manos,

que si el viento se mueve ha de llevarme.

Misión de rosa

"Ah mar, enorme mar, corazón fiero... hazme tener tu cólera sin nombre: Ya me fatiga esta misión de rosa... "(Fragmentos de "Frente al mar" de Alfonsina Storni).
De este poema extraje el nombre de mi blog personal al cua l los invito a pasar: http://damalisbeat.blogspot.com/, allí podrán leer mis propios escritos y dejar sus comentarios.
Los espero...

Soy


Soy suave y triste si idolatro, puedo

bajar el cielo hasta mi mano cuando

el alma de otro al alma mía enredo.

Plumón alguno no hallarás más blando.


Ninguna como yo las manos besa,

ni se acurruca tanto en un ensueño,

ni cupo en otro cuerpo, así pequeño,

un alma humana de mayor terneza.


Muero sobre los ojos, si los siento

como pájaros vivos, un momento,

aletear bajo mis dedos blancos.


Sé la frase que encanta y que comprende

y sé callar cuando la luna asciende

enorme y roja sobre los barrancos.

Queja


Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, la poesía.
Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño me hallaba con mi espera.
Señor, Señor: mi espalda está desnuda:
haz restallar allí, con mano ruda
el látigo que sangra a los perversos.
Que está la tarde ya sobre mi vida,
y a esta pasión ardiente y desmedida
la he perdido, Señor, haciendo versos.

Oye: yo era como un mar dormido...


Oye: yo era un mar dormido.

Me despertaste y la tempestad ha estallado.

Sacudo mis olas, hundo mis buques,

subo al cielo y castigo estrellas,

me averguenzo y escondo entre mis pliegues,

enloquezco y mato mis peces.

No me mires con miedo. Tu lo haz querido.

La última carta de Alfonsina Storni a sus amigos daba pistas de su trágico final


La esquela dirigida al novelista Manuel Gálvez fue encontrada en un sótano de la Sociedad Argentina de Escritores junto con otros textos de la poetisa que se suicidó en Mar del Plata en 1938.


La carta daba pistas sobre el final. “Estoy muy mal”, arranca. Y sobre el cierre pide: “Gracias, adiós, no me olviden”, para terminar: “No puedo seguir escribiendo”.


La carta se supone que fue una de las últimas y el destinatario de las letras de Alfonsina era su amigo y maestro Manuel Gálvez. Según una nota que publica Clarín, la carta fue encontrada en la Ssociedad Argentina de Escritores, de la que ella fue una de las fundadoras.


No fue el único texto de la poetisa encontrado. Apareció además un manuscrito del poema "Barrancas del Plata en Colonia" que había escrito a principios de 1938, en Colonia, Uruguay.


"Redobles verdes de tambor los sapos/ y altos los candelabros mortecinos/ de los cardos me escoltan/ con el agua que un sol esmerilado carga al hombro", dicen los primeros versos de ese poema que la misma Alfonsina, contó poco después, escribió "la tarde de llegada a esa tierra amiga".


"Corrí a mi alojamiento buscando un lápiz, el viento me llevó el sombrero, cuando subí a la terraza donde daba mi habitación cielo y río eran un desborde dorado", explicó en una lectura posterior del poema, que en el manuscrito escribe con letra redonda y clara.

Oye


Yo seré a tu lado,

silencio, silencio,

perfume, perfume,

no sabré pensar,

no tendré palabras,

no tendré deseos,

sólo sabré amar.


Cuando el agua caiga monótona y triste

buscaré tu pecho para acurrucar

este peso enorme que llevo en el alma

y no sé explicar.


Te pediré entonces tu lástima, amado,

para que mis ojos se den a llorar silenciosamente,

como el agua cae sobre la ciudad.


Y una noche triste, cuando no me quieras,

secaré los ojos y me iré a bogar

por los mares negros que tiene la muerte,

para nunca más.

Odio


Oh, primavera de las amapolas,
tú que floreces para bien mi casa,
luego que enjoyes las corolas,
pasa.
Beso, la forma más voraz del fuego,
clava sin miedo tu endiablada espuela,
quema mi alma, pero luego,
vuela.
Risa de oro que movible y loca
sueltas el alma, de las sombras,
presa,en cuanto asomes a la boca,
cesa.
Lástima blanda del error amante
que a cada paso el corazón diluye,
vuelca tus mieles y al instante,
huye.
Odio tremendo, como nada fosco,
odio que truecas en puñal la seda,
odio que apenas te conozco,
queda.

Moderna


Yo danzaré en alfombra de verdura,

ten pronto el vino en el cristal sonoro,

nos beberemos el licor de oro

celebrando la noche y su frescura.


Yo danzaré como la tierra pura,

como la tierra yo seré un tesoro,

y en darme pura no hallaré desdoro,

Que darse es una forma de la altura.


Yo danzaré para que todo olvides

y habré de darte la embriaguez que pides

hasta que Venus pase por los cielos.


Mas algo acaso te será escondido,

que pagana de un siglo empobrecido

no dejaré caer todos los velos.

Miedo


Aquí, sobre tu pecho, tengo miedo de todo;

estréchame en tus brazos como una golondrina

y dime la palabra, la palabra divina

que encuentre en mis oídos dulcísimo acomodo.


Háblame de amor, arrúllame, dame el mejor apodo,

besa mis pobres manos, acaricia la fina

mata de mis cabellos, y olvidaré, mezquina,

que soy, ¡oh cielo eterno!, sólo un poco de lodo.


¡Es tan mala la vida! ¡Andan sueltas las fieras...!

Oh, no he tenido nunca las bellas primaveras

que tienen las mujeres cuando todo lo ignoran.


En tus brazos, amado, quiero soñar en ellos,

mientras tus manos blancas suavizan mis cabellos,

mientras mis labios besan, mientras mis ojos lloran.

Me atreveré a besarte


Mírame aquí a tu lado tirada dulcemente;


soy un lirio caído al pie de una montaña...


Mírame aquí a tu lado...Esa luz que me bañame


viene de tus ojos como de un sol naciente.



Cómo envidio tus uñas insertas en tus dedos,


y tus dedos insertos de tu mano en la palma,


y tu ser todo inserto en el molde de mi alma!


Cómo envidio tus uñas insertas en tus dedos.


Acoge mi pedido: oye mi voz sumisa,


vuélvete a donde quedo postrada y sin aliento.


Celosa de tus penas, esclava de tu risa,


sobra de tus anhelos y de tu pensamiento.


Te miraré a los ojos cuando la tarde abroche


tu boca bien amada que no he besado nunca...

Lo inacabable


No tienes tú la culpa si en tus manos

mi amor se deshojó como una rosa:

Vendrá la primavera y habrá flores...

el tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas

de un collar nuevo; romperá la sombra

un sol precioso que dará a las venas

la savia fresca, loca y bullidora.

Tú seguirás tu ruta; yo la mía

y ambos, libertos, como mariposas

perderemos el polen de las alas

y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos

y los besos se secan como rosas,

pero por cada muerte siete vidas

buscan los labios demandando aurora.

Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!

¡Y toda primavera que se esboza

es un cadáver más que adquiere vida

y es un capullo más que se deshoja!

La caricia perdida


Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos ... En el viento, al rodar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida, ¿quién la recogerá?


Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida rodará... rodará...


Si en los ojos te besan esta noche, viajero,

si estremece las ramas un dulce suspirar,

si te oprime los dedos una mano pequeña

que te toma y te deja, que te logra y se va,


si no ves esa mano ni la boca que besa,

si es el aire quien teje la ilusión de llamar,

oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

en el viento fundida ¿me reconocerás?

Esto es amor, esto es amor, yo siento...


Esto es amor, esto es amor, yo siento

en todo átomo vivo un pensamiento.

Yo soy una y soy mil, todas las vidas

pasan por mí, me muerden sus heridas.

Y no puedo ya más, en cada gota

de mi sangre hay un grito y una nota.

Y me doblo, me doblo bajo el peso

de un beso enorme, de un enorme beso.

Espera


He de darte las manos, espera, todavía

está llena la tierra del murmullo del día.

La bóveda celeste no deja ver ninguna

de sus estrellas... duerme en los cielos la luna.


He de darte las manos, pero aguarda, que ahora

todo piensa y trabaja -la vida es previsora-

Pero el corazón mío se esconde solitario,

desconsolado y triste por el bullicio diario.


Hace falta que todo lo que se mueve cobre

una vaga pereza, que el esfuerzo zozobre,

que caiga sobre el mundo un tranquilo descanso,

un medio todo dulce, consolador y manso.


Espera... dulcemente, balsámica de calma,

se llegará la noche, yo te daré las manos,

pero ahora lo impiden esos ruidos mundanos;

hay luz en demasía, no puedo verte el alma.

El racimo inocente


Así, como jugando, te acerqué el corazón

Hace ya mucho tiempo, en una primavera...

Pero tú, indiferente, pasaste por mi vera...

Hace ya mucho tiempo.


Sabio de toda cosa, no sabías acaso

Ese juego de niña que cubría discreto

Con risas inocentes el tremendo secreto,

Sabio de toda cosa...


Hoy, de vuelta a mi lado, ya mujer, tú me pides

El corazón aquél que en silencio fue tuyo,

Y con torpes palabras negativas arguyo

Hoy, de vuelta a mi lado.


Oh, cuando te ofrecí el corazón en aquella

Primavera, era un dulce racimo no tocado

El corazón... Ya otros los granos han probado

Del racimo inocente...

Capricho


Sábado fue, y capricho el beso dado,

capricho de varón, audaz y fino,

mas fue dulce el capricho masculino

a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo, si inclinado

sobre mis manos te sentí divino,

y me embriagué. Comprendo que este vino

no es para mí, mas juega y rueda el dado.

Yo soy esa mujer que vive alerta,

tú el tremendo varón que se despierta

en un torrente que se ensancha en río,

y más se encrespa mientras corre y poda.

Ah, me resisto, mas me tiene toda,

tú, que nunca serás del todo mío.

¡Ay!


Seré en tus manos una copa fina

pronta a sonar cuando vibrarla quieras...

Destilarán en ella primaveras,

reflejará la luz que te ilumina.


Seré en tus manos una copa fina.

Habrás en ella una bebida suave,

nunca más dulce, pues piedad le dona;

licor que no hace mal y el mal perdona,

dulce licor que de las cosas sabe...


Habrás en ella una bebida suave.

Un día oscuro, entre tus dedos largos

será oprimido su cristal fulgente

y caerá en pedazos buenamente

la fina copa que te dio letargos;

¡un día oscuro, entre tus dedos largos!


Cristal informe sobre el duro suelo

no ha de ser turbio porque está quebrado:

reflejará la beatitud del cielo;

pobre cristal sobre tus pies tirado;

cristal informe sobre el duro suelo.

Daño tan grande Dios te lo perdone:

manos benditas las que así lo quiebren,

rosas y lirios para nunca enhebren,

dulzura eterna su impiedad le abone.

Daño tan grande Dios te lo perdone...

El divino amor


Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, ¡oh niño!, te me niegas.

Mira que estoy de pie sobre los leños,
que aveces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.

Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.

¡Aymé!


Y sabías amar, y eras prudente,

y era la primavera y eras bueno,

y estaba el cielo azul, resplandeciente.


Y besabas mis manos con dulzura,

y mirabas mis ojos con tus ojos,

que mordían a veces de amargura.


Y yo pasaba como el mismo hielo...

Yo pasaba sin ver en dónde estaba

ni el cruel infierno ni el amable cielo.


Yo no sentía nada... En el vacío

vagaba con el alma condenada

a mi dolor satánico y sombrío.


Y te dejé marchar calladamente,

a ti, que amar sabías y eras bueno,

y eras dulce, magnánimo y prudente.


Toda palabra en ruego te fue poca,

pero el dolor cerraba mis oídos...

Ah, estaba el alma como dura roca.

Dulce tortura


Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía

sobre tus manos largas desparramé mi vida;

mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;

ahora soy un ánfora de perfumes vacía.


Cuánta dulce tortura quietamente sufrida

cuando, picada el alma de tristeza sombría,

sabedora de engaños, me pasada los días

¡besando las dos manos que me ajaban la vida!

Presentimiento


Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco.

Esta cabeza mía se parece al crisol,

Purifica y consume.

Pero sin una queja, sin asomo de horror,

Para acabarme quiero que una tarde sin nubes,

Bajo el límpido sol,

Nazca de un gran jazmín una víbora blanca

Que dulce, dulcemente, me pique el corazón.

Hombre pequeñito


Hombre pequeñito, hombre pequeñito,

suelta a tu canario, que quiere volar...

Yo soy el canario, hombre pequeñito,

déjame saltar.


Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,

hombre pequeñito que jaula me das.

Digo pequeñito porque no me entiendes,

ni me entenderás.


Tampoco te entiendo, pero mientras tanto

ábreme la jaula que quiero escapar;

hombre pequeñito, te amé un cuarto de ala;

no me pidas más.

El ruego

Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, toda la poesía.

Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño me hallaba con mi espera.

Señor, Señor; mi espalda está desnuda,
¡haz estallar allí, con mano ruda
el látigo que sangra a los perversos!
Que está la tarde ya sobre mi vida,
y esta pasión ardiente y desmedida
la he perdido, ¡Señor, haciendo versos!

Esta tarde


Ahora quiero amar algo lejano...

algún hombre divino

que sea como un ave por lo dulce,

que haya habido mujeres infinitas

y sepa de otras tierras, y florezca

la palabra en sus labios, perfumada:

suerte de selva virgen bajo el viento...


Y quiero amarlo ahora. Está la tarde

blanda y tranquila como espeso musgo,

tiembla mi boca y mis dedos finos,

se deshacen mis trenzas poco a poco.


Siento un vago rumor... Toda la tierra

está cantando dulcemente... Lejos,

los bosques se han cargado de corolas,

desbordan los arroyos de sus cauces

y las aguas se filtran en la tierra

así como mis ojos en los ojos

que estoy soñando embelesada...


Pero...

ya está bajando el sol tras de los montes,

las aves se acurrucan en sus nidos,

la tarde ha de morir y él está lejos...

lejos como este sol que para nunca

se marcha y me abandona, con las manos

hundidas en las trenzas, con la boca

húmeda y temblorosa, con el alma

sutilizada, ardida en la esperanza

de este amor infinito que me vuelve

dulce y hermosa...

Alfonsina y la igualdad entre el hombre y la mujer


En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra.
«La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina», afirma Alfonsina en un diario al referirse a su designación.

Frase


Fuera de ley, mi corazón
a saltos va en su desazón.

Ya muerde acá, sucumbe allí,
cazando allá, cazando aquí.

Donde lo intento yo dejar,
mi corazón no se ha de estar.

Donde lo deba yo poner,
mi corazón no ha de querer.

Cuando le diga yo que sí,
dirá que no, contrario a mí.

Bravo león, mi corazón
tiene apetitos, no razón.

Adios



Las cosas que mueren jamás resucitan,

las cosas que mueren no tornan jamás.

¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda

es polvo por siempre y por siempre será!


Cuando los capullos caen de la rama

dos veces seguidas no florecerán...

¡Las flores tronchadas por el viento impío

se agotan por siempre, por siempre jamás!


¡Los días que fueron, los días perdidos,

los días inertes ya no volverán!

¡Qué tristes las horas que se desgranaron

bajo el aletazo de la soledad!


¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,

las sombras creadas por nuestra maldad!

¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,

las cosas celestes que así se nos van!


¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... ?

de llagas infectas? ¡cúbrete de mal!...

¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,

corazón maldito que inquietas mi afán!


¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!

¡Adiós mi alegría llena de bondad!

¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,

las cosas celestes que no vuelven más! ...

El clamor


Alguna vez, andando por la vida,

por piedad, por amor,

como se da una fuente, sin reservas,

yo di mi corazón.


Y dije al que pasaba, sin malicia,

y quizá con fervor:

-Obedezco a la ley que nos gobierna:

He dado el corazón.


Y tan pronto lo dije, como un eco

ya se corrió la voz:

-Ved la mala mujer esa que pasa:

Ha dado el corazón.


De boca en boca, sobre los tejados,

rodaba este clamor:

-¡Echadle piedras, eh, sobre la cara;

ha dado el corazón!


Ya está sangrando, sí, la cara mía,

pero no de rubor,

que me vuelvo a los hombres y repito:

¡He dado el corazón!

Capricho 2


Escrútame los ojos sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber veneno, el malvado veneno
que moja los labios a pesar de ser bueno.

Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de porqué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí.
Es esto de los llantos pasaje baladí.

Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente estulto,
que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes amado, lo debes sospechar:
en la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Si, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.

Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
deseamos y gustamos la miel en cada copa
y en el cerebro habemos un poquito de estopa.

Bien. No, no me preguntes. Torpeza de mujer,
capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría. ¿No ves que tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame una rosa.

La amistad con Horacio Quiroga, el escritor de la selva


En 1922, Alfonsina ya frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. Allí conoció, seguramente, al escritor uruguayo Horacio Quiroga, que había llegado de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916.
Su personalidad debió atraer a Alfonsina. Un hombre marcado por el destino, perseguido por los suicidios de seres queridos, que, además, se había atrevido a exiliarse en Misiones, e intentado allí forjar un paraíso.
En 1922, era ya el autor de sus libros más importantes, Cuentos de la selva, Anaconda, El desierto. Vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas y desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura.
Alfonsina había publicado sus libros Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).
La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos.
Cuenta Norah Lange que en una de sus reuniones, adonde iban todos los escritores de la época, jugaron una tarde a las prendas. El juego consistió en que Alfonsina y Horacio besaran al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena, sostenido por Horacio. Este, en un rápido ademán, escamoteó el reloj precisamente en el momento en que Alfonsina aproximaba a él sus labios, y todo terminó en un beso.
Quiroga la nombra frecuentemente en sus cartas, sobre todo entre los años 1919 y 1922, y su mención la destaca de un grupo donde había no sólo otras mujeres sino también otras escritoras. Sin embargo, cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, Alfonsina no lo acompaña. Quiroga le pide que se vaya con él y ella, indecisa, consulta con su amigo el pintor Benito Quinquela Martín. Aquél, hombre ordenado y sedentario, le dice: «¿Con ese loco? ¡No!».

Duerme tranquilo


Dijiste la palabra que enamora
a mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo. Debe estar sereno
y hermoso el rostro tuyo a toda hora.
Cuando encanta la boca seductora
debe ser fresca, su decir ameno;
para tu oficio de amador no es bueno
el rostro ardido del que mucho llora.
Te reclaman destinos más gloriosos
que el de llevar, entre los negros pozos
de las ojeras, la mirada en duelo.
¡Cubre de bellas víctimas el suelo!
Más daño al mundo hizo la espada fatua
de algún bárbaro rey y tiene estatua.

Dos palabras


Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas
de ser dichas. Palabras
que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces, que la luna que andaba
filtrando entre las ramas
se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
moverme para echarla.

Tan dulces dos palabras
que digo sin quererlo -¡oh, qué bella, la vida!-
Tan dulces y tan mansas
que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

Tan dulces y tan bellas
que nerviosos, mis dedos,
se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisierancortar estrellas.

Tú me quieres blanca


Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
que sea azucenasobre todas,
casta.de perfume tenue.
corola cerrada

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
ni una margarita
se diga mi hermana.
tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua;
habla con los pájaros
y lévate al alba.
y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

Date a volar

Anda, date a volar, hazte una abeja,
en el jardín florecen amapolas,
y el néctar fino colma las corolas;
mañana el alma tuya estará vieja.

Anda, date a volar, hazte paloma,
recorre el bosque y picotea granos,
come migajas en distintas manos
la pulpa muerde de fragante poma.

Anda, date a volar, sé golondrina,
busca la playa de los soles de oro,
gusta la primavera y su tesoro,
la primavera es única y divina.

Mueres de sed: no he de oprimirte tanto...
anda, camina por el mundo, sabe;
dispuesta sobre el mar está tu nave;
date a bogar hacia el mejor encanto.

Corre, camina más, es poco aquello...
aún quedan cosas que tu mano anhela,
corre, camina, gira, sube y vuela:
gústalo todo porque todo es bello.

Echa a volar... mi amor no te detiene,
¡cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
llore mi vida... el corazón se apene...
date a volar, Amor, yo te comprendo.

Callada el alma... el corazón partido,
suelto tus alas... ve... pero te espero.
¿Cómo traerás el corazón, viajero?
tendré piedad de un corazón vencido.

Para que tanta sed bebiendo cures
hay numerosas sendas para ti...
pero se hace la noche; no te apures...
todas traen a mí...

La que comprende


Con la cabeza negra caída hacia adelante
está la mujer bella, la de mediana edad,
postrada de rodillas, y un Cristo agonizante
desde su duro leño la mira con piedad.

En los ojos la carga de una enorme tristeza,
en el seno la carga del hijo por nacer,
al pie del blanco Cristo que está sangrando reza:
-¡Señor, el hijo mío que no nazca mujer!

Silencio

Un día estaré muerta, blanca como la nieve,
dulce como los sueños en la tarde que llueve.

Un día estaré muerta, fría como la piedra,
quieta como el olvido, triste como la hiedra.

Un día habré logrado el sueño vespertino,
el sueño bien amado donde acaba el camino.

Un día habré dormido con un sueño tan largo
que ni tus besos puedan avivar el letargo.

Un día estaré sola, como está la montaña
entre el largo desierto y la mar que la baña.

Será una tarde llena de dulzuras celestes,
con pájaros que callan, con tréboles agrestes.

La primavera, rosa, como un labio de infante,
entrará por las puertas con su aliento fragante.

La primavera rosa me pondrá en las mejillas
-¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas...

La primavera dulce, la que me puso rosas
encarnadas y blancas en las manos sedosas.

La primavera dulce que me enseñara a amarte,
la primavera misma que me ayudó a lograrte.

¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta
como ciudad en ruinas, milenaria y desierta!

¡Oh la tarde como esos silencios de laguna
amarillos y quietos bajo el rayo de luna!

¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta:
cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta!

La muerte justiciera que nos lleva al olvido
como al pájaro errante lo acogen en el nido.

Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora,
la luz azul celeste de la última hora.

Una luz tamizada que bajando del cielo
me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo.

Una luz tamizada que ha de cubrirme toda
con su velo impalpable como un velo de boda.

Una luz que en el alma musitará despacio:
la vida es una cueva, la muerte es el espacio.

Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma
como en la playa de oro se deshace la espuma.
_________________

Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde
en que la sangre mía ya no corre ni arde.

Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama
tu boca amada dulcemente me llama.

Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos
se pierden en mi alma temblorosos y secos.

Oh silencio, silencio que la tarde se alarga
y pone sus tristezas en tu lágrima amarga.

Oh silencio, silencio que se callan las aves,
se adormecen las flores, se detienen las naves.

Oh silencio, silencio que una estrella ha caído
dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido.

Oh silencio, silencio que la noche se allega
y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega.

Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca
y me apaga los ojos, y me apaga la boca.

Oh silencio, silencio... que la calma destilan
mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...

Dolor


Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;

ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;

ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Frente al mar


Oh mar, enorme mar, corazón fiero,

de ritmo desigual, corazón malo,

yo soy más blanda que ese pobre palo

que se pudre en tus ondas prisionero.


Oh mar, dame tu cólera tremenda,

yo me pasé la vida perdonando,

porque entendía, mar, yo me fui dando:

"Piedad, piedad para el que más ofenda".


Vulgaridad, vulgaridad me acosa.

ah, me han comprado la ciudad y el hombre.

Hazme tener tu cólera sin nombre:

Ya me fatiga esta misión de rosa.


¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,

me falta el aire y donde falta quedo,

quisiera no entender, pero no puedo:

Es la vulgaridad que me envenena.


Me empobrecí porque entender abruma,

me empobrecí porque entender sofoca,

¡Bendecida la fuerza de la roca!

Yo tengo el corazón como la espuma.


Mar, yo soñaba ser como tú eres,

allá en las tardes que la vida mía

bajo las horas cálidas se abría...

Ah, yo soñaba ser como tú eres.


Mírame aquí, pequeña, miserable,

todo dolor me vence, todo sueño;

Mar, dame, dame el inefable empeño

de tornarme soberbia, inalcanzable.


Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,

¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh enojo!

Desdichada de mí, soy un abrojo,

y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.


Y el alma mía es como el mar, es eso,

ah, la ciudad la pudre y equivoca

pequeña vida que dolor provoca,

¡Que pueda libertarme de su peso!


Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...

La vida mía debió ser horrible,

debió ser una arteria incontenible

y apenas es cicatriz que siempre duele.

Su enfermedad y trágico final


Ser escritora exitosa no la libró de la angustia y los miedos que la torturaban.
El 20 de mayo de 1935 Alfonsina fue operada de un cáncer de mama. La mastectomía le deja grandes cicatrices físicas y emocionales. Siempre había sufrido de depresión, paranoia y ataques de nervios, pero ahora los síntomas de enfermedad mental se recrudecen. Se vuelve recluida y evita a sus amistades.
En octubre viaja a Mar del Plata. Desde allí, envía dos cartas: una a su hijo, Alejandro, y un "Poema de despedida" al diario La Nación.
En el año 1938, hacia la una de la madrugada del martes veinticinco Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar.
Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. Aunque los biógrafos aseguran que saltó al agua desde una escollera, la leyenda es que se internó lentamente en el mar.


"Voy a dormir" (último poema antes de suicidarse)

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.

En el mundo intelectual y artístico


Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa.
El éxito de sus poesías la acercó rapidamente al mundo intelectual y artístico de la época: integró el grupo Anaconada, junto a escritores como Horacio Quiroga y Baldomero fernandez Moreno.
En 1926, pasó a La Peña, con Benito Quinquela Martín y Miguel H. caminos.
En 1930 viajóa Europa y se incorporó a las reuniones que organizaba el grupo Signos, donde eran habitúes personajes como Ramón Gómez de la Serna y Federico García Lorca.
En 1932, publicó sus "Dos farsas pirotécnicas": «Cimbelina en 1900 y pico» y «Polixena y la cocinerita». Colabora en el diario Crítica y La Nación; sus clases de teatro son la rutina diaria.

Sus obras


De acento romántico, pos modernista, las constantes de su poesía son su angustia ante la vida, la fugacidad de lo humano y su obsesión por la muerte y el mar, que de alguna manera ya anunciaban su trágico final.
En sus obras se destacan, "La inquietud del rosal" en 1916, "El dulce daño", en 1918 y en 1920 "Languidez", el cual recibió el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura. En 1925 publica "Ocre", que marca un cambio decisivo en su poesía, se liga a la temática feminista e intenta desligarse de las hopalandas del Modernismo y volver más la mirada al mundo real.
El 20 de marzo de 1927 se estrena su obra de teatro "El amo del mundo", que despertaba las expectativas del público y de la crítica. Al día siguiente la crítica se ensañó con la obra, y a los tres días tuvo que bajar de cartel. La escritora se sintió muy dolida por su fracaso, y trató de explicarlo atribuyéndole la culpa al director y a los actores.
Varios viajes a Europa (1930 y 1934) motivaron una evolución hacia un lirismo libre de moldes formales, dramático y descarnado y de una audacia erótica insólita para la época, con nuevas meditaciones feministas: "Mundo de siete pozos", 1934 y "Mascarilla y trébol", 1938.

Alfonsina en Buenos Aires


A punto de cumplir veinte años, llega a Buenos Aires, donde nace su hijo Alejandro, compañero inseparable de toda su vida. Eso la define como mujer que se enfrenta radicalmente a la sociedad. "La inquietud del rosal" se publica, a pesar de las penurias económicas, en 1916. "lo publiqué para no morir", confesaba Alfonsina, mientras conseguía triunfar en un mundo sumamente dificíl, sobre todo para una mujer joven y pobre.
Trabaja como cajera en una tienda y en la revista Caras y Caretas. Se relaciona con José Enrique Rodó, Amado Nervo, José Ingenieros y Manuel Ugarte. Con estos dos últimos su amistad es más profunda. Su situación económica mejora. Hace frecuentes viajes a Montevideo, donde conoce a la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou y al que será su gran amigo, el escritor también uruguayo Horacio Quiroga.

Un poco más de su vida...


Alfonsina tenía cuatro años cuando su familia regresó a Argentina después de un vano intento de buscar prosperidad en Europa.
Pasó una infancia muy humilde en San Juan. «Estoy en San Juan, tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta»
Luego, en 1901 se trasladan a Rosario. Paulina, su madre, abrió una pequeña escuela domiciliaria, y pasa a ser la cabeza de una familia numerosa, pobre y sin timón, con un padre alcohólico, que acostumbraba a desaparecer semanas enteras de su casa. Instalaron el «Café Suizo», cerca de la estación de tren, pero el proyecto fracasó. Alfonsina lavaba platos y atendía las mesas a los diez años.
A los 12 años, mientras soñaba con ser actriz, empieza atrabajar como costurera a domicilio y después en una fábrica de gorras.
En 1907 consiguió un papel en la compañía teatral de José Tallavi y se fue de gira por un año.
Cuando volvió a Rosario se encuentra con que su madre se ha casado y vive en Bustinza.
La poeta decide estudiar la carrera de maestra rural en Coronda, y allí recibe su título profesional. Gana un lugar sobresaliente en la comunidad escolar y consigue un puesto de maestra.
Al mismo tiempo se vincula a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas.