viernes 20 de noviembre de 2009

Soy


Soy suave y triste si idolatro, puedo

bajar el cielo hasta mi mano cuando

el alma de otro al alma mía enredo.

Plumón alguno no hallarás más blando.


Ninguna como yo las manos besa,

ni se acurruca tanto en un ensueño,

ni cupo en otro cuerpo, así pequeño,

un alma humana de mayor terneza.


Muero sobre los ojos, si los siento

como pájaros vivos, un momento,

aletear bajo mis dedos blancos.


Sé la frase que encanta y que comprende

y sé callar cuando la luna asciende

enorme y roja sobre los barrancos.

martes 10 de noviembre de 2009

Queja


Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, la poesía.
Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño me hallaba con mi espera.
Señor, Señor: mi espalda está desnuda:
haz restallar allí, con mano ruda
el látigo que sangra a los perversos.
Que está la tarde ya sobre mi vida,
y a esta pasión ardiente y desmedida
la he perdido, Señor, haciendo versos.

lunes 2 de noviembre de 2009

Oye: yo era como un mar dormido...


Oye: yo era un mar dormido.

Me despertaste y la tempestad ha estallado.

Sacudo mis olas, hundo mis buques,

subo al cielo y castigo estrellas,

me averguenzo y escondo entre mis pliegues,

enloquezco y mato mis peces.

No me mires con miedo. Tu lo haz querido.

martes 13 de octubre de 2009

La última carta de Alfonsina Storni a sus amigos daba pistas de su trágico final


La esquela dirigida al novelista Manuel Gálvez fue encontrada en un sótano de la Sociedad Argentina de Escritores junto con otros textos de la poetisa que se suicidó en Mar del Plata en 1938.


La carta daba pistas sobre el final. “Estoy muy mal”, arranca. Y sobre el cierre pide: “Gracias, adiós, no me olviden”, para terminar: “No puedo seguir escribiendo”.


La carta se supone que fue una de las últimas y el destinatario de las letras de Alfonsina era su amigo y maestro Manuel Gálvez. Según una nota que publica Clarín, la carta fue encontrada en la Ssociedad Argentina de Escritores, de la que ella fue una de las fundadoras.


No fue el único texto de la poetisa encontrado. Apareció además un manuscrito del poema "Barrancas del Plata en Colonia" que había escrito a principios de 1938, en Colonia, Uruguay.


"Redobles verdes de tambor los sapos/ y altos los candelabros mortecinos/ de los cardos me escoltan/ con el agua que un sol esmerilado carga al hombro", dicen los primeros versos de ese poema que la misma Alfonsina, contó poco después, escribió "la tarde de llegada a esa tierra amiga".


"Corrí a mi alojamiento buscando un lápiz, el viento me llevó el sombrero, cuando subí a la terraza donde daba mi habitación cielo y río eran un desborde dorado", explicó en una lectura posterior del poema, que en el manuscrito escribe con letra redonda y clara.