Dolor


Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;

ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;

ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

4 comentarios:

  1. Ella sí que supo hablar del dolor de una manera inmensamente bella...
    quien pudiera...
    hermoso homenaje el que le haces...
    seguiré pasando...

    un beso

    p.d.:gracias por tu comentario...

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  2. Sentir un dolor expresado con tanta belleza es algo maravilloso... aunque duele y tanto ...pero bello muy bello.

    Saludos conversos.

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  3. Me asusta sentirme identificada en mi momento vital con este poema. Digo que me asusta porque expresa mucho dolor y no quiero ser consciente de padecerlo. Yo quisiera perderme en la inmensidad del horizonte dibujado por el mar y el cielo.

    Precioso, Alfonsina. Gracias, Damalis.

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