La amistad con Horacio Quiroga, el escritor de la selva


En 1922, Alfonsina ya frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. Allí conoció, seguramente, al escritor uruguayo Horacio Quiroga, que había llegado de su refugio en San Ignacio, Misiones, durante el año 1916.
Su personalidad debió atraer a Alfonsina. Un hombre marcado por el destino, perseguido por los suicidios de seres queridos, que, además, se había atrevido a exiliarse en Misiones, e intentado allí forjar un paraíso.
En 1922, era ya el autor de sus libros más importantes, Cuentos de la selva, Anaconda, El desierto. Vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas y desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura.
Alfonsina había publicado sus libros Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).
La amistad con Quiroga fue la de dos seres distintos.
Cuenta Norah Lange que en una de sus reuniones, adonde iban todos los escritores de la época, jugaron una tarde a las prendas. El juego consistió en que Alfonsina y Horacio besaran al mismo tiempo las caras de un reloj de cadena, sostenido por Horacio. Este, en un rápido ademán, escamoteó el reloj precisamente en el momento en que Alfonsina aproximaba a él sus labios, y todo terminó en un beso.
Quiroga la nombra frecuentemente en sus cartas, sobre todo entre los años 1919 y 1922, y su mención la destaca de un grupo donde había no sólo otras mujeres sino también otras escritoras. Sin embargo, cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, Alfonsina no lo acompaña. Quiroga le pide que se vaya con él y ella, indecisa, consulta con su amigo el pintor Benito Quinquela Martín. Aquél, hombre ordenado y sedentario, le dice: «¿Con ese loco? ¡No!».

2 comentarios:

  1. Otra vez visitando tu página...
    y volviendo a agradecer tu labor...
    sólo que ésta vez me quedo sorprendida puesto que Alfonsina es mi poetisa favorita...y Quiroga mi cuentista favorita...y esta nota me crea un sentimiento extraño... Saludos desde México, muy buen camino, mucha luz. =)

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  2. A la muerte de su amigo y sabiendo de qué se trataba aquella enfermedad, le escribe este poema maravilloso.

    Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
    y así como siempre en tus cuentos, no está mal;
    un rayo a tiempo y se acabó la feria ...
    Allá dirán.

    No se vive en la selva impunemente,
    ni cara al Paraná.
    Bien por tu mano firme, gran Horacio ...
    Allá dirán.

    “No hiere cada hora –queda escrito-,
    nos mata la final.”
    Unos minutos menos ... ¿quién te acusa?
    Allá dirán.

    Más pudre el miedo, Horacio que la muerte
    que a las espaldas va.
    Bebiste bien, que luego sonreías ...
    Allá dirán.

    Sé que la mano obrera te estrecharon,
    mas no si Alguno o simplemente Pan,
    que no es de fuertes renegar su obra ...
    (Más que tú mismo es fuerte quien dirá.)

    Alfonsina Storni, Poesías Completas, Soc. Editora Latino Americana, Bs. As., 1968.

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