Misión de rosa

"Ah mar, enorme mar, corazón fiero... hazme tener tu cólera sin nombre: Ya me fatiga esta misión de rosa... "(Fragmentos de "Frente al mar" de Alfonsina Storni).
De este poema extraje el nombre de mi blog personal al cua l los invito a pasar: http://damalisbeat.blogspot.com/, allí podrán leer mis propios escritos y dejar sus comentarios.
Los espero...

Soy


Soy suave y triste si idolatro, puedo

bajar el cielo hasta mi mano cuando

el alma de otro al alma mía enredo.

Plumón alguno no hallarás más blando.


Ninguna como yo las manos besa,

ni se acurruca tanto en un ensueño,

ni cupo en otro cuerpo, así pequeño,

un alma humana de mayor terneza.


Muero sobre los ojos, si los siento

como pájaros vivos, un momento,

aletear bajo mis dedos blancos.


Sé la frase que encanta y que comprende

y sé callar cuando la luna asciende

enorme y roja sobre los barrancos.

Queja


Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, la poesía.
Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño me hallaba con mi espera.
Señor, Señor: mi espalda está desnuda:
haz restallar allí, con mano ruda
el látigo que sangra a los perversos.
Que está la tarde ya sobre mi vida,
y a esta pasión ardiente y desmedida
la he perdido, Señor, haciendo versos.

Oye: yo era como un mar dormido...


Oye: yo era un mar dormido.

Me despertaste y la tempestad ha estallado.

Sacudo mis olas, hundo mis buques,

subo al cielo y castigo estrellas,

me averguenzo y escondo entre mis pliegues,

enloquezco y mato mis peces.

No me mires con miedo. Tu lo haz querido.

La última carta de Alfonsina Storni a sus amigos daba pistas de su trágico final


La esquela dirigida al novelista Manuel Gálvez fue encontrada en un sótano de la Sociedad Argentina de Escritores junto con otros textos de la poetisa que se suicidó en Mar del Plata en 1938.


La carta daba pistas sobre el final. “Estoy muy mal”, arranca. Y sobre el cierre pide: “Gracias, adiós, no me olviden”, para terminar: “No puedo seguir escribiendo”.


La carta se supone que fue una de las últimas y el destinatario de las letras de Alfonsina era su amigo y maestro Manuel Gálvez. Según una nota que publica Clarín, la carta fue encontrada en la Ssociedad Argentina de Escritores, de la que ella fue una de las fundadoras.


No fue el único texto de la poetisa encontrado. Apareció además un manuscrito del poema "Barrancas del Plata en Colonia" que había escrito a principios de 1938, en Colonia, Uruguay.


"Redobles verdes de tambor los sapos/ y altos los candelabros mortecinos/ de los cardos me escoltan/ con el agua que un sol esmerilado carga al hombro", dicen los primeros versos de ese poema que la misma Alfonsina, contó poco después, escribió "la tarde de llegada a esa tierra amiga".


"Corrí a mi alojamiento buscando un lápiz, el viento me llevó el sombrero, cuando subí a la terraza donde daba mi habitación cielo y río eran un desborde dorado", explicó en una lectura posterior del poema, que en el manuscrito escribe con letra redonda y clara.

Oye


Yo seré a tu lado,

silencio, silencio,

perfume, perfume,

no sabré pensar,

no tendré palabras,

no tendré deseos,

sólo sabré amar.


Cuando el agua caiga monótona y triste

buscaré tu pecho para acurrucar

este peso enorme que llevo en el alma

y no sé explicar.


Te pediré entonces tu lástima, amado,

para que mis ojos se den a llorar silenciosamente,

como el agua cae sobre la ciudad.


Y una noche triste, cuando no me quieras,

secaré los ojos y me iré a bogar

por los mares negros que tiene la muerte,

para nunca más.

Odio


Oh, primavera de las amapolas,
tú que floreces para bien mi casa,
luego que enjoyes las corolas,
pasa.
Beso, la forma más voraz del fuego,
clava sin miedo tu endiablada espuela,
quema mi alma, pero luego,
vuela.
Risa de oro que movible y loca
sueltas el alma, de las sombras,
presa,en cuanto asomes a la boca,
cesa.
Lástima blanda del error amante
que a cada paso el corazón diluye,
vuelca tus mieles y al instante,
huye.
Odio tremendo, como nada fosco,
odio que truecas en puñal la seda,
odio que apenas te conozco,
queda.

Moderna


Yo danzaré en alfombra de verdura,

ten pronto el vino en el cristal sonoro,

nos beberemos el licor de oro

celebrando la noche y su frescura.


Yo danzaré como la tierra pura,

como la tierra yo seré un tesoro,

y en darme pura no hallaré desdoro,

Que darse es una forma de la altura.


Yo danzaré para que todo olvides

y habré de darte la embriaguez que pides

hasta que Venus pase por los cielos.


Mas algo acaso te será escondido,

que pagana de un siglo empobrecido

no dejaré caer todos los velos.

Miedo


Aquí, sobre tu pecho, tengo miedo de todo;

estréchame en tus brazos como una golondrina

y dime la palabra, la palabra divina

que encuentre en mis oídos dulcísimo acomodo.


Háblame de amor, arrúllame, dame el mejor apodo,

besa mis pobres manos, acaricia la fina

mata de mis cabellos, y olvidaré, mezquina,

que soy, ¡oh cielo eterno!, sólo un poco de lodo.


¡Es tan mala la vida! ¡Andan sueltas las fieras...!

Oh, no he tenido nunca las bellas primaveras

que tienen las mujeres cuando todo lo ignoran.


En tus brazos, amado, quiero soñar en ellos,

mientras tus manos blancas suavizan mis cabellos,

mientras mis labios besan, mientras mis ojos lloran.

Me atreveré a besarte


Mírame aquí a tu lado tirada dulcemente;


soy un lirio caído al pie de una montaña...


Mírame aquí a tu lado...Esa luz que me bañame


viene de tus ojos como de un sol naciente.



Cómo envidio tus uñas insertas en tus dedos,


y tus dedos insertos de tu mano en la palma,


y tu ser todo inserto en el molde de mi alma!


Cómo envidio tus uñas insertas en tus dedos.


Acoge mi pedido: oye mi voz sumisa,


vuélvete a donde quedo postrada y sin aliento.


Celosa de tus penas, esclava de tu risa,


sobra de tus anhelos y de tu pensamiento.


Te miraré a los ojos cuando la tarde abroche


tu boca bien amada que no he besado nunca...

Lo inacabable


No tienes tú la culpa si en tus manos

mi amor se deshojó como una rosa:

Vendrá la primavera y habrá flores...

el tronco seco dará nuevas hojas.

Las lágrimas vertidas se harán perlas

de un collar nuevo; romperá la sombra

un sol precioso que dará a las venas

la savia fresca, loca y bullidora.

Tú seguirás tu ruta; yo la mía

y ambos, libertos, como mariposas

perderemos el polen de las alas

y hallaremos más polen en la flora.

Las palabras se secan como ríos

y los besos se secan como rosas,

pero por cada muerte siete vidas

buscan los labios demandando aurora.

Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!

¡Y toda primavera que se esboza

es un cadáver más que adquiere vida

y es un capullo más que se deshoja!

La caricia perdida


Se me va de los dedos la caricia sin causa,

se me va de los dedos ... En el viento, al rodar,

la caricia que vaga sin destino ni objeto,

la caricia perdida, ¿quién la recogerá?


Pude amar esta noche con piedad infinita,

pude amar al primero que acertara a llegar.

Nadie llega. Están solos los floridos senderos.

La caricia perdida rodará... rodará...


Si en los ojos te besan esta noche, viajero,

si estremece las ramas un dulce suspirar,

si te oprime los dedos una mano pequeña

que te toma y te deja, que te logra y se va,


si no ves esa mano ni la boca que besa,

si es el aire quien teje la ilusión de llamar,

oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,

en el viento fundida ¿me reconocerás?

Esto es amor, esto es amor, yo siento...


Esto es amor, esto es amor, yo siento

en todo átomo vivo un pensamiento.

Yo soy una y soy mil, todas las vidas

pasan por mí, me muerden sus heridas.

Y no puedo ya más, en cada gota

de mi sangre hay un grito y una nota.

Y me doblo, me doblo bajo el peso

de un beso enorme, de un enorme beso.

Espera


He de darte las manos, espera, todavía

está llena la tierra del murmullo del día.

La bóveda celeste no deja ver ninguna

de sus estrellas... duerme en los cielos la luna.


He de darte las manos, pero aguarda, que ahora

todo piensa y trabaja -la vida es previsora-

Pero el corazón mío se esconde solitario,

desconsolado y triste por el bullicio diario.


Hace falta que todo lo que se mueve cobre

una vaga pereza, que el esfuerzo zozobre,

que caiga sobre el mundo un tranquilo descanso,

un medio todo dulce, consolador y manso.


Espera... dulcemente, balsámica de calma,

se llegará la noche, yo te daré las manos,

pero ahora lo impiden esos ruidos mundanos;

hay luz en demasía, no puedo verte el alma.

El racimo inocente


Así, como jugando, te acerqué el corazón

Hace ya mucho tiempo, en una primavera...

Pero tú, indiferente, pasaste por mi vera...

Hace ya mucho tiempo.


Sabio de toda cosa, no sabías acaso

Ese juego de niña que cubría discreto

Con risas inocentes el tremendo secreto,

Sabio de toda cosa...


Hoy, de vuelta a mi lado, ya mujer, tú me pides

El corazón aquél que en silencio fue tuyo,

Y con torpes palabras negativas arguyo

Hoy, de vuelta a mi lado.


Oh, cuando te ofrecí el corazón en aquella

Primavera, era un dulce racimo no tocado

El corazón... Ya otros los granos han probado

Del racimo inocente...

Capricho


Sábado fue, y capricho el beso dado,

capricho de varón, audaz y fino,

mas fue dulce el capricho masculino

a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo, si inclinado

sobre mis manos te sentí divino,

y me embriagué. Comprendo que este vino

no es para mí, mas juega y rueda el dado.

Yo soy esa mujer que vive alerta,

tú el tremendo varón que se despierta

en un torrente que se ensancha en río,

y más se encrespa mientras corre y poda.

Ah, me resisto, mas me tiene toda,

tú, que nunca serás del todo mío.

¡Ay!


Seré en tus manos una copa fina

pronta a sonar cuando vibrarla quieras...

Destilarán en ella primaveras,

reflejará la luz que te ilumina.


Seré en tus manos una copa fina.

Habrás en ella una bebida suave,

nunca más dulce, pues piedad le dona;

licor que no hace mal y el mal perdona,

dulce licor que de las cosas sabe...


Habrás en ella una bebida suave.

Un día oscuro, entre tus dedos largos

será oprimido su cristal fulgente

y caerá en pedazos buenamente

la fina copa que te dio letargos;

¡un día oscuro, entre tus dedos largos!


Cristal informe sobre el duro suelo

no ha de ser turbio porque está quebrado:

reflejará la beatitud del cielo;

pobre cristal sobre tus pies tirado;

cristal informe sobre el duro suelo.

Daño tan grande Dios te lo perdone:

manos benditas las que así lo quiebren,

rosas y lirios para nunca enhebren,

dulzura eterna su impiedad le abone.

Daño tan grande Dios te lo perdone...

El divino amor


Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, ¡oh niño!, te me niegas.

Mira que estoy de pie sobre los leños,
que aveces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.

Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.

¡Aymé!


Y sabías amar, y eras prudente,

y era la primavera y eras bueno,

y estaba el cielo azul, resplandeciente.


Y besabas mis manos con dulzura,

y mirabas mis ojos con tus ojos,

que mordían a veces de amargura.


Y yo pasaba como el mismo hielo...

Yo pasaba sin ver en dónde estaba

ni el cruel infierno ni el amable cielo.


Yo no sentía nada... En el vacío

vagaba con el alma condenada

a mi dolor satánico y sombrío.


Y te dejé marchar calladamente,

a ti, que amar sabías y eras bueno,

y eras dulce, magnánimo y prudente.


Toda palabra en ruego te fue poca,

pero el dolor cerraba mis oídos...

Ah, estaba el alma como dura roca.

Dulce tortura


Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía

sobre tus manos largas desparramé mi vida;

mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;

ahora soy un ánfora de perfumes vacía.


Cuánta dulce tortura quietamente sufrida

cuando, picada el alma de tristeza sombría,

sabedora de engaños, me pasada los días

¡besando las dos manos que me ajaban la vida!

Presentimiento


Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco.

Esta cabeza mía se parece al crisol,

Purifica y consume.

Pero sin una queja, sin asomo de horror,

Para acabarme quiero que una tarde sin nubes,

Bajo el límpido sol,

Nazca de un gran jazmín una víbora blanca

Que dulce, dulcemente, me pique el corazón.

Hombre pequeñito


Hombre pequeñito, hombre pequeñito,

suelta a tu canario, que quiere volar...

Yo soy el canario, hombre pequeñito,

déjame saltar.


Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,

hombre pequeñito que jaula me das.

Digo pequeñito porque no me entiendes,

ni me entenderás.


Tampoco te entiendo, pero mientras tanto

ábreme la jaula que quiero escapar;

hombre pequeñito, te amé un cuarto de ala;

no me pidas más.

El ruego

Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, toda la poesía.

Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño me hallaba con mi espera.

Señor, Señor; mi espalda está desnuda,
¡haz estallar allí, con mano ruda
el látigo que sangra a los perversos!
Que está la tarde ya sobre mi vida,
y esta pasión ardiente y desmedida
la he perdido, ¡Señor, haciendo versos!

Esta tarde


Ahora quiero amar algo lejano...

algún hombre divino

que sea como un ave por lo dulce,

que haya habido mujeres infinitas

y sepa de otras tierras, y florezca

la palabra en sus labios, perfumada:

suerte de selva virgen bajo el viento...


Y quiero amarlo ahora. Está la tarde

blanda y tranquila como espeso musgo,

tiembla mi boca y mis dedos finos,

se deshacen mis trenzas poco a poco.


Siento un vago rumor... Toda la tierra

está cantando dulcemente... Lejos,

los bosques se han cargado de corolas,

desbordan los arroyos de sus cauces

y las aguas se filtran en la tierra

así como mis ojos en los ojos

que estoy soñando embelesada...


Pero...

ya está bajando el sol tras de los montes,

las aves se acurrucan en sus nidos,

la tarde ha de morir y él está lejos...

lejos como este sol que para nunca

se marcha y me abandona, con las manos

hundidas en las trenzas, con la boca

húmeda y temblorosa, con el alma

sutilizada, ardida en la esperanza

de este amor infinito que me vuelve

dulce y hermosa...

Alfonsina y la igualdad entre el hombre y la mujer


En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra.
«La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina», afirma Alfonsina en un diario al referirse a su designación.