Esta tarde


Ahora quiero amar algo lejano...

algún hombre divino

que sea como un ave por lo dulce,

que haya habido mujeres infinitas

y sepa de otras tierras, y florezca

la palabra en sus labios, perfumada:

suerte de selva virgen bajo el viento...


Y quiero amarlo ahora. Está la tarde

blanda y tranquila como espeso musgo,

tiembla mi boca y mis dedos finos,

se deshacen mis trenzas poco a poco.


Siento un vago rumor... Toda la tierra

está cantando dulcemente... Lejos,

los bosques se han cargado de corolas,

desbordan los arroyos de sus cauces

y las aguas se filtran en la tierra

así como mis ojos en los ojos

que estoy soñando embelesada...


Pero...

ya está bajando el sol tras de los montes,

las aves se acurrucan en sus nidos,

la tarde ha de morir y él está lejos...

lejos como este sol que para nunca

se marcha y me abandona, con las manos

hundidas en las trenzas, con la boca

húmeda y temblorosa, con el alma

sutilizada, ardida en la esperanza

de este amor infinito que me vuelve

dulce y hermosa...

Alfonsina y la igualdad entre el hombre y la mujer


En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado y es la primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegra de que comiencen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra.
«La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental. Como afirmación de esta limpia verdad, la Intendencia de Buenos Aires declara, en su ciudad, noble la condición femenina», afirma Alfonsina en un diario al referirse a su designación.