lunes 23 de febrero de 2009

El ruego

Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, toda la poesía.

Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño me hallaba con mi espera.

Señor, Señor; mi espalda está desnuda,
¡haz estallar allí, con mano ruda
el látigo que sangra a los perversos!
Que está la tarde ya sobre mi vida,
y esta pasión ardiente y desmedida
la he perdido, ¡Señor, haciendo versos!

2 comentarios:

Melibea dijo...

Deagarrador.

Un abrazo

Melibea dijo...

¡Hola, guapa! Me alegra que hayas regresado a este mundillo. GRacias por pasarte por mi blog. Te mando un abrazo. Cuídate. Nos vemos